Colombia enfrenta su mayor reto energético y el GLP toma protagonismo
Mientras el país podría tardar entre 8 y 10 años en recuperar el autoabastecimiento de gas natural, el GLP se consolida como garantía de estabilidad y respaldo inmediato del sistema.
En 2026, el GLP deja de ser un complemento y se posiciona como pieza estructural dentro de la seguridad energética nacional.
Además de asegurar abastecimiento, reduce hasta un 20% las emisiones frente a la gasolina y hasta un 50% respecto al carbón, evitando retrocesos ambientales en plena transición energética.
Bogotá, marzo de 2026. Colombia atraviesa un momento decisivo en materia energética. El país avanza hacia una mayor importación de gas natural para garantizar el abastecimiento de hogares, comercios, industrias y transporte, mientras la recuperación del autoabastecimiento podría tardar entre 8 y 10 años. Este nuevo escenario exige soluciones inmediatas, confiables y competitivas que permitan reducir riesgos de desabastecimiento y evitar retrocesos ambientales.
En ese contexto, el Gas Licuado de Petróleo (GLP) se consolida como un actor estratégico dentro del balance energético nacional.
Durante 2025, el GLP demostró en la práctica su capacidad de respaldo frente a contingencias del sistema. En medio del mantenimiento de la única terminal de regasificación en operación en el país, fue utilizado como sustituto del gas natural para garantizar la continuidad energética. Este hecho evidenció que el GLP no es simplemente una alternativa complementaria, sino un energético capaz de sostener la estabilidad del sistema en momentos críticos.
Las cifras respaldan esta tendencia. Entre enero y agosto de 2025, Colombia importó en promedio más de 23.000 toneladas mensuales de GLP, casi el doble que en el mismo periodo de 2024 (12.967 toneladas mensuales), superando incluso en meses como enero, julio y agosto las 33.000 toneladas, un nivel inicialmente previsto para 2026. Estos datos reflejan una mayor integración del GLP en procesos industriales, operaciones del sector energético y soluciones para regiones no conectadas al gas natural.
Adicionalmente, entre enero y noviembre de 2025 se ofrecieron al mercado más de 683.000 toneladas de GLP, con una media mensual de 62.154 toneladas, lo que evidencia la relevancia de este energético dentro del suministro nacional y su papel en la recomposición del balance entre consumo interno e importaciones.
En 2026, el país continuará fortaleciendo su infraestructura para importar gas natural licuado. Aunque estas importaciones permitirán garantizar estabilidad en el corto plazo, implican mayores costos frente al gas producido en el país y mayor exposición a la volatilidad internacional. En este escenario, la diversificación energética deja de ser una aspiración técnica para convertirse en una necesidad estratégica.
El GLP ofrece ventajas concretas: reduce hasta en un 20% las emisiones frente a la gasolina y hasta en un 50% respecto al carbón, es flexible en su transporte y almacenamiento y cuenta con una red de distribución consolidada que permite llegar a territorios no conectados por gasoducto. Además, su utilización evita que sectores productivos regresen a combustibles más contaminantes ante eventuales restricciones de gas natural.
“La coyuntura que vive Colombia demuestra que la seguridad energética no puede depender de una sola fuente. El GLP ha probado que puede respaldar el sistema en momentos críticos y complementar el gas natural de manera eficiente y competitiva”, afirmó Sara Vélez, directora ejecutiva de Agremgas. “Este es el momento de reconocer formalmente su papel estratégico dentro de la matriz energética y fortalecer políticas que impulsen su integración en la transición energética del país”.
Agremgas subraya que, si bien la inversión en exploración es clave para recuperar la soberanía energética en el mediano plazo, el país requiere soluciones disponibles hoy. El gas producido en el país seguirá siendo más competitivo que el importado; sin embargo, mientras se desarrollan nuevos proyectos, el GLP representa una herramienta inmediata para garantizar continuidad, competitividad industrial y estabilidad en el suministro.
2026 marca un punto de inflexión. Colombia enfrenta su mayor reto energético reciente y la respuesta no está en apostar por una única fuente, sino en consolidar una matriz diversificada, resiliente y eficiente. El GLP ya demostró su capacidad técnica, ambiental y económica. Ahora es momento de integrarlo estratégicamente como pieza estructural del sistema energético nacional.

